Como lo hacía la abuela (sin albur)
La cocina es la alquimia que junta todos los sentidos y logra adjuntar los ingredientes como una nueva y deliciosa obra nueva la cual, a pesar de ello, aún conserva las particularidades de cada alimento.
La semana pasada se creó en la clase de cocina prehispánica un rico y delicioso mole, molido en metate. Desgastando así nuestras rodillas y espaldas con el fin de obtener uno de los sabores más puros en cuanto a culturalidad, haciendo que el esfuerzo valiera la pena pero, ¿por qué recuerda a la abuela? Es una anécdota de hace unos cuantos años la cual estoy dispuesta a compartir en este pequeño segmento.
Todo surge a base de una curiosidad, viendo como una señora ya grande luchaba contra sus años, los cuales no parecían estorbarle al momento de menear sus huesudas manos al momento de tomar el brazo del instrumento; su pasión y dedicación me llamaron a intentarlo; así que, vistiendo lo que ella y bajo su tutela me dispuse a "moler" la gran cantidad de semillas y chiles con los que prepararía una pasta que luego se le agregaría a la olla con el resto de sabrosuras hechas por esa agradable anciana... O eso hubiera pasado de no ser por una distracción creada por mi subconsciente la cual hizo que me acercara de más al metate tan enorme frente a mi y, usando el brazo de éste, terminara por machucarme un seno, sí, como escucharon. Después de unas cuantas bromas y carcajadas por parte de la señora terminamos el riquísimo platillo y me dispuse a emprender camino de regreso a mi casa, procurando olvidar lo sucedido y lográndolo por un momento.
Al llegar a mi casa saludé como de costumbre y me dirigí a mi habitación, todo hubiera salido bien de no ser por la gran marca morada que dejó aquel machucón; mi madre, muy preocupada exigió razón de esa marca a lo que yo le respondí diciendo que era un chupetón. Que verguenza que se enterara que no supe usar un metate.
Toda esta experiencia llegó a mi mente al estar cocinando el viernes pasado, soltando una risa de vez en cuando y, sobre todo, procurando alejarme un poco de tan aterrador utensilio prehispánico ya que al sentirme cerca de él no puedo evitar sentir un pellizco en el mismo lugar donde me llegué a lesionar.
¿Y ustedes qué experiencias vergonzosas tienen?
La semana pasada se creó en la clase de cocina prehispánica un rico y delicioso mole, molido en metate. Desgastando así nuestras rodillas y espaldas con el fin de obtener uno de los sabores más puros en cuanto a culturalidad, haciendo que el esfuerzo valiera la pena pero, ¿por qué recuerda a la abuela? Es una anécdota de hace unos cuantos años la cual estoy dispuesta a compartir en este pequeño segmento.
Todo surge a base de una curiosidad, viendo como una señora ya grande luchaba contra sus años, los cuales no parecían estorbarle al momento de menear sus huesudas manos al momento de tomar el brazo del instrumento; su pasión y dedicación me llamaron a intentarlo; así que, vistiendo lo que ella y bajo su tutela me dispuse a "moler" la gran cantidad de semillas y chiles con los que prepararía una pasta que luego se le agregaría a la olla con el resto de sabrosuras hechas por esa agradable anciana... O eso hubiera pasado de no ser por una distracción creada por mi subconsciente la cual hizo que me acercara de más al metate tan enorme frente a mi y, usando el brazo de éste, terminara por machucarme un seno, sí, como escucharon. Después de unas cuantas bromas y carcajadas por parte de la señora terminamos el riquísimo platillo y me dispuse a emprender camino de regreso a mi casa, procurando olvidar lo sucedido y lográndolo por un momento.
Al llegar a mi casa saludé como de costumbre y me dirigí a mi habitación, todo hubiera salido bien de no ser por la gran marca morada que dejó aquel machucón; mi madre, muy preocupada exigió razón de esa marca a lo que yo le respondí diciendo que era un chupetón. Que verguenza que se enterara que no supe usar un metate.
Toda esta experiencia llegó a mi mente al estar cocinando el viernes pasado, soltando una risa de vez en cuando y, sobre todo, procurando alejarme un poco de tan aterrador utensilio prehispánico ya que al sentirme cerca de él no puedo evitar sentir un pellizco en el mismo lugar donde me llegué a lesionar.
¿Y ustedes qué experiencias vergonzosas tienen?
Es una historia realmente interesante jajaja, lo que mas me llamo la atención no fue la vergüenza si no él pequeño relato que conteste sobre la anciana, ya que al principio nos relata como no importa las edades o cualquier "problema" que tengamos, siempre es mejor entregarnos a nuestra pasión. Y sobre el pequeño accidente no es fácil trabajar con el metate, ed cuestión de practica, suerte y hasta luego.
ResponderEliminarEspero seguir leyendo mas anécdotas Gabi jajajaja.
ResponderEliminarDesde mi punto de vista tienes mucha razón, al usar el metate llegan recuerdos y cosas que tal vez te hubiese gustado vivir, en mi caso tenia un tío que le encantaba el mole de mi bisabuela el cual prepara mi tía y debo decir que es el ÚNICO mole que me gusta, a veces pienso que seria super genial haber nacido antes cuando mi bisabuela vivía ya que creo que de hay viene un poco de mi gusto por la cocina y no imagino lo mucho que me hubiese aportado su sazon y sus sabrosas recetas que hasta hoy siguen en la familia.